Sobre colores hay mucho escrito
20 de Febrero de 2008![]()
“Un metro cuadrado de azul es mucho más azul que un centímetro cuadrado del mismo color.” Henri Matisse
La luz, al interactuar con la materia que golpea, crea las bases para que esa materia nos aparezca más o menos visible y diferentemente coloreada.
Pero no es la luz la que lleva consigo el color y la que después la materia retransmite; la luz siempre es blanca y se colorea sólo después de ser trasmitida a nuestro cerebro una vez haya pasado por la retina.
El color se crea en nuestro cerebro, y de él depende, y por tanto, a diferencia de las formas es una sensación perceptiva subjetiva; la luz golpea las cosas y una parte de esa luz es a su vez remitida por el objeto, que, a causa sus características, nos hace creer que la luz tiene un determinado color.
Sin la luz no hay color que pueda percibirse, por eso puede decirse que el color sin luz no existe. La percepción del color es algo que nuestro cerebro determina, de ahí que sea extremadamente subjetiva. Esa luz que lleva consigo la codificación del color puede provocar respuestas emotivas diferentes, y reacciones psicológicas contrastantes.
Todo lo que vemos son colores y formas, cada color tiene su carácter, que lo distingue de lo demás colores, con diferencias que a veces pueden ser mínimas, y que aunque parezca increíble, nos hacen distinguir a simple vista hasta sesenta tipos de blancos diferentes. Entre colores y formas además existe una estrecha relación que vincula de manera absoluta ambas categorías: no pueden existir formas sin colores, y viceversa. La materialidad de una forma se expresa con la espiritualidad de un color, y por esto un color no puede percibirse si no se le confiere la materialidad de la forma. Cuando vulgarmente se habla de combinación de colores, se olvidan la respectiva combinación de formas, que en el fondo es la única que permite a estos colores de manifestarse: una determinada combinación de colores no tendrá el mismo efecto sensorial si las formas que la materializan son cada vez diferentes.
No existiendo por lo tanto una percepción de los colores sin las formas, no puede existir un color, o una combinación de colores que guste en absoluto, si que se tengan en cuenta las posibles formas que puedan materializarlo. Decidir el uso de un determinado color, justificado a veces por el gusto personal, como tema para la caracterización de un espacio y de los objetos que lo decorarán es un contrasentido, que choca con la realidad física de los diferentes materiales, los cuales, aunque reciban el mismo color, nunca se percibirán de la misma manera.
Si para crear formas el arquitecto se sirve de la geometría, para usar el color el arquitecto debería dominar conocimientos que abarcan desde la física, por tratarse el color de luz, el espectro visible de las ondas electromagnéticas, la química, porque estudia los pigmentos que permiten materializarlos, la fisiología, porque posibilita estudiar la percepción del ojo humano, e incluso la psicología, porque permite descifrar las sensaciones que se provocan en el cerebro humano.
Estas diferentes especialidades han investigado exhaustivamente el tema y han producido un corpus bibliográfico de cientos de monografías que desmienten evidentemente las frases hechas, y resulta por tanto que sobre colores hay mucho escrito, y muy poco leído.
Las diferentes teorías y los diferentes modelos de colores creados a lo largo de la historia desde Aristóteles, que se había preocupado por el tema, pasando por Newton, que recuperó y renovó el modelo aristotélico, hasta los modelos tridimensionales que actualmente se manejan, chocan ineludiblemente con la realidad biológica del ojo humano que no se caracteriza precisamente por la perfección lógica que estos modelos tienen. La visión humana es imperfecta, poco nítida y se ha desarrollado en el largo transcurso de la evolución de la especie para acometer sólo algunas determinadas tareas, propias de la especie, y que nos diferencian de otras especies que poseen características diferentes, como por ejemplo la visión ultravioleta o un marcado daltonismo, presente este último muchas veces también en las personas.
Por tratarse el color de un tema en muchos aspectos inabarcable, los arquitectos se han concentrado en los aspectos exclusivamente volumétricos (a excepción de algunos casos contados, como el del mexicano Barragán), utilizando el color como un simple elemento más en la paleta de los materiales disponibles, pero de los pocas veces empleado. La arquitectura moderna, desde los padres fundadores de la Bauhaus hasta sus hijos, arquitectos de hoy en día, ha huido aterida de cualquier compromiso con las numerosas teorías del color que ponían en peligro la base cientificista de la teoría arquitectónica. En su huida, los arquitectos modernos han relegado el color a un segundo plano: “La arquitectura es el juego sabio y magnífico de los volúmenes bajo la luz”, decía Le Corbusier, olvidando inexplicablemente el tercer ingrediente fundamental en la composición del espacio arquitectónico: el color.
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